Pero también plantean riesgos de ciberseguridad que no siempre resultan evidentes. Las comunicaciones con el piloto, los sistemas de navegación, las aplicaciones de control y la información que recopilan pueden convertirse en puntos vulnerables.
Comprender cómo funcionan estos sistemas ayuda a identificar qué necesitamos proteger para utilizarlos de forma segura.
Qué riesgos de ciberseguridad pueden afectar a un dron
Un dron es un dispositivo conectado que intercambia información con otros equipos y, en muchos casos, utiliza software para gestionar sus funciones. Esto significa que comparte algunos riesgos con otros sistemas digitales, aunque las consecuencias de un incidente pueden ser diferentes.
Una vulnerabilidad en el software, un acceso no autorizado o una alteración de las comunicaciones pueden afectar al funcionamiento del dispositivo. Según las características del dron y del ataque, las consecuencias podrían incluir la interrupción de una operación, la pérdida de información o problemas para mantener el control del vuelo.
La Agencia Europea de Seguridad Aérea (EASA) identifica expresamente los riesgos asociados a los sistemas de control terrestre, las comunicaciones y el acceso a la información almacenada en los drones.
Además, conviene tener en cuenta el contexto de uso. Un incidente que afecte a un dron recreativo no tiene necesariamente las mismas consecuencias que uno que se utiliza para inspeccionar instalaciones o realizar trabajos profesionales.
Las comunicaciones y los sistemas de control también necesitan protección
Para entender los riesgos de ciberseguridad de los drones, hay que prestar atención a cómo se comunican con los dispositivos desde los que se manejan.
Durante una operación, el dron puede intercambiar instrucciones de vuelo e información sobre su posición o estado con una estación de control. También puede transmitir imágenes y otros datos recogidos por sus sensores. i estos intercambios no cuentan con las protecciones adecuadas, pueden quedar expuestos a accesos no autorizados o intentos de manipulación. Una vulnerabilidad en el sistema de control o en la transmisión de instrucciones podría interferir en el funcionamiento normal del dron.
La navegación merece una atención específica. Muchos drones utilizan sistemas de posicionamiento por satélite, cuyas señales pueden sufrir interferencias o intentos de falsificación. Por eso, la fiabilidad de la información empleada para orientarse es otro aspecto que debe considerarse al evaluar su seguridad.
Entre las medidas recomendadas por EASA se encuentran la autenticación de las comunicaciones entre el operador y el dron, el cifrado de la información y los mecanismos para limitar el acceso a los sistemas de control.
Estas protecciones deben complementarse con la seguridad de los dispositivos y las aplicaciones desde los que se gestiona el vuelo.
Quién controla un dron y qué ocurre con los datos que recoge
Un dron puede captar imágenes, grabar vídeos o recoger información sobre su entorno mediante diferentes sensores. En función del equipo y de su finalidad, estos datos pueden incluir detalles de instalaciones, localizaciones o imágenes de personas.
Por eso, la seguridad de la información recogida es una parte importante de la ciberseguridad de los drones.
La Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) advierte de que determinadas operaciones pueden implicar el tratamiento de datos personales incluso cuando ese no es su objetivo. Por ejemplo, un dron utilizado para inspeccionar una infraestructura podría captar accidentalmente imágenes de personas o matrículas de vehículos.
También es importante saber dónde termina esa información después del vuelo. Los archivos pueden permanecer almacenados en el propio dron, transferirse a un dispositivo de control o incorporarse a otros sistemas para su análisis.
Cada uno de esos pasos introduce cuestiones que deben resolverse: quién puede consultar los datos, cómo se protegen durante su transmisión, durante cuánto tiempo se conservan y cuándo deben eliminarse.
La AEPD y EASA recomiendan incorporar la protección de datos desde el diseño y la configuración de estos sistemas. Esto incluye limitar la información recopilada a la necesaria, establecer controles de acceso y aplicar medidas que impidan su utilización por personas no autorizadas.
Además, quien utiliza un dron debe conocer qué información está recogiendo y con qué finalidad. Cuando se tratan datos personales, también deben tenerse en cuenta las obligaciones que establece la normativa de protección de datos y determinar quién es responsable de ese tratamiento.
Cómo mejorar la ciberseguridad de los drones
Las medidas de protección deben adaptarse a las características del equipo, sus funciones y el entorno en el que se utiliza. No todos los drones presentan los mismos riesgos ni requieren exactamente las mismas soluciones.
Aun así, existen algunas recomendaciones aplicables a numerosos escenarios:
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Mantener actualizado el software y el firmware. Las actualizaciones del fabricante pueden corregir vulnerabilidades y mejorar la seguridad del equipo. Deben instalarse siguiendo las indicaciones correspondientes y sin comprometer la seguridad de una operación en curso.
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Proteger los accesos. Utilizar contraseñas robustas y los mecanismos de autenticación disponibles ayuda a limitar quién puede manejar el dron o acceder a sus datos.
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Revisar la seguridad de las comunicaciones. Es importante conocer qué medidas de autenticación y cifrado incorpora el equipo y evitar configuraciones que reduzcan su protección.
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Controlar la información recopilada. Antes de una operación conviene revisar qué sensores estarán activos, qué datos es necesario recoger y dónde se almacenarán.
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Proteger los archivos y eliminar los innecesarios. Los datos deben mantenerse accesibles únicamente para quienes estén autorizados, durante el tiempo que resulte necesario para su finalidad.
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Comprobar la seguridad del sistema completo. El mando, el teléfono, la tableta o el ordenador utilizados para controlar el vuelo también pueden introducir vulnerabilidades.
Estas recomendaciones ayudan a reducir riesgos, aunque su aplicación depende de las funciones de seguridad que ofrezca cada modelo y de las condiciones concretas de uso.
La ciberseguridad debe acompañar al dron durante toda su vida útil
La protección de un dron comienza antes de su primer vuelo. La selección del dispositivo, la configuración inicial, las actualizaciones y la forma de gestionar la información condicionan su seguridad a lo largo del tiempo.
También importa lo que sucede cuando deja de utilizarse. Antes de venderlo, cederlo o retirarlo, es necesario comprobar si conserva credenciales, registros de vuelo, imágenes u otros datos que deban eliminarse.
Este enfoque coincide con las recomendaciones de EASA sobre seguridad y privacidad desde el diseño, que plantean proteger tanto los sistemas como la información durante todo su ciclo de vida.
En el Centro Demostrador de Ciberseguridad de la Comunidad de Madrid, acercamos la ciberseguridad a situaciones y tecnologías reales mediante actividades de formación, demostración y asesoramiento. Comprender los riesgos de los dispositivos conectados y conocer las medidas disponibles para protegerlos es parte de ese aprendizaje.
En el caso de los drones, conviene empezar por una revisión concreta: cómo se controla el equipo, qué conexiones utiliza, qué información recopila y quién puede acceder a ella. Son preguntas que ayudan a detectar posibles puntos débiles antes de iniciar una operación.