«Hay que entusiasmarse». La idea surgió en la mesa redonda sobre talento digital de MADRING Tech Summit y ofrece una buena forma de acercarse a la tecnología. Querer entender cómo funciona algo, descubrir qué hay detrás y encontrar una manera de contribuir. La Fórmula 1 puede despertar esa curiosidad por la ingeniería o la mecánica, pero también por una disciplina menos visible en una carrera: la ciberseguridad.
Lo que vemos en pista depende de mucho trabajo compartido
Un monoplaza reúne conocimientos de ámbitos muy distintos. La aerodinámica estudia cómo se comporta el aire alrededor del vehículo; la mecánica permite que sus componentes trabajen juntos. El rendimiento también depende de los neumáticos y de la unidad de potencia. Los sensores recogen mediciones que se transmiten desde el coche y permiten analizar lo que está sucediendo. Ese proceso de recogida y transmisión de información es la telemetría.
Todo ello ayuda a entender por qué hay tantas profesiones vinculadas al automovilismo. Una medición necesita contexto para resultar útil. Hay que saber qué representa, relacionarla con el comportamiento del vehículo y valorar qué decisiones permite tomar. El conocimiento de quienes diseñan y de quienes analizan se encuentra en ese trabajo.
La ciberseguridad participa de esa misma relación entre disciplinas. Para proteger una herramienta hay que comprender para qué se utiliza. Para decidir quién puede acceder a una información, hay que conocer quién la necesita y en qué momento. Cuanto mejor se entiende la actividad, mejor se puede ajustar su protección.
Poder confiar en la información
Cuando pensamos en proteger datos, solemos pensar en evitar que alguien los robe. En un entorno tecnológico también importa que esos datos se mantengan sin alteraciones indebidas y que estén disponibles cuando se necesitan.
Podemos trasladarlo al trabajo de un equipo de competición. Un archivo de diseño reúne conocimiento que debe compartirse con determinadas personas. Si alguien lo modifica sin autorización, el problema afecta a la confianza en ese trabajo. Si una herramienta deja de estar disponible, puede impedir que se consulte información necesaria. Son ejemplos de necesidades de protección diferentes, aunque todas formen parte de la ciberseguridad.
La presencia de esta disciplina en el automovilismo es concreta. McLaren cuenta con una colaboración tecnológica con Darktrace para protegerse frente a ciberamenazas. La información publicada por el equipo sitúa esa labor en ámbitos como las redes y los servicios digitales, así como frente a riesgos de pérdida de datos o espionaje industrial.
Desde esta perspectiva, proteger también significa cuidar el trabajo acumulado. Las horas dedicadas a desarrollar una solución, el conocimiento que comparten los profesionales y la capacidad de seguir trabajando con esa información.
Una responsabilidad que atraviesa el proyecto
La especialización es necesaria, pero cada decisión tecnológica tiene consecuencias que pueden llegar a otros equipos. Compartir un archivo con un proveedor, habilitar un acceso o incorporar una herramienta cambia la forma en que circula la información.
Por eso, incorporar la ciberseguridad a un proyecto exige conversar con quienes lo desarrollan y lo utilizan. Un permiso demasiado amplio puede exponer información; uno mal definido puede dificultar una tarea legítima. Encontrar una solución adecuada requiere entender ambas cosas.
Esta es una de las ideas que podemos extraer al observar un entorno tan tecnológico como la Fórmula 1. La seguridad debe acompañar a las decisiones de diseño y al trabajo cotidiano. Conviene pensar desde el principio qué necesita protección, quién se responsabiliza de ello y cómo se mantendrá la actividad si algo falla.
También exige aprendizaje compartido. Quien trabaja en ingeniería necesita comprender las implicaciones de compartir determinada información. Quien se ocupa de protegerla necesita conocer las condiciones en las que se utiliza. Ese intercambio permite tomar decisiones con más criterio.
Del circuito a los servicios que utilizamos cada día
La Fórmula 1 hace visible una dependencia que también encontramos en actividades mucho más cercanas. Pensemos en un centro sanitario que necesita consultar una historia clínica o en una pequeña empresa que gestiona sus pedidos mediante una aplicación.
Los contextos son distintos, pero ambos permiten hacerse preguntas similares. ¿Quién debe tener acceso? ¿Qué ocurriría si la información se alterase? ¿Cómo se podría continuar trabajando durante una interrupción?
Son ejemplos cotidianos de por qué la ciberseguridad es un pilar de una sociedad en la que la tecnología interviene en casi todo. Su utilidad se concreta en poder prestar un servicio, mantener una actividad o utilizar información con confianza.
Acercar esta relación a la ciudadanía ayuda a comprender mejor la seguridad digital. Resulta más fácil entender la importancia de un acceso protegido cuando sabemos qué permite hacer esa cuenta y qué trabajo depende de ella.
Entusiasmarse también con la tarea de proteger
La invitación a entusiasmarse tiene recorrido en ciberseguridad. Hay curiosidad en averiguar cómo funciona un sistema y en buscar una debilidad para poder corregirla. También hay un propósito reconocible cuando se entiende a quién beneficia ese trabajo. Ese vínculo entre interés y práctica estuvo presente en MADRING Tech Summit con MadriDefenders y Secur0 presentando la Copa Pistón. Esta competición online de bug bounty, centrada en la búsqueda de vulnerabilidades, se celebró del 1 al 10 de septiembre con una ambientación inspirada en la Fórmula 1 y el estreno del circuito madrileño.
Los participantes, organizados en equipos de tres o cuatro personas, tenían el reto de encontrar fallos de seguridad en programas y proyectos, muchos de ellos de código abierto. Una forma de aplicar conocimientos a software real y aproximarse al trabajo del hacking ético, que busca identificar vulnerabilidades dentro de un marco autorizado para facilitar su corrección.
Como no podía ser de otra manera, el Centro Demostrador participó en el encuentro con un stand para acercar su labor y la de la Agencia de Ciberseguridad de la Comunidad de Madrid a los asistentes. Esa conversación puede continuar más allá del evento con el servicio gratuito de Consultoría y Asesoramiento, para quienes quieren quienes necesitan abordar una dificultad concreta en su organización.
Pero además, el programa de formación gratuita en ciberseguridad del Centro ofrece una vía para ampliar conocimientos y aplicarlos en el ámbito profesional. Si las preguntas surgen al intentar mejorar la seguridad de una organización, una sesión de consultoría permite plantearlas con acompañamiento especializado y orientar los siguientes pasos.
Quienes quieran dar continuidad a ese interés pueden consultar el programa de formación o solicitar una sesión de consultoría y asesoramiento. Empezar por lo que queremos comprender, o por una necesidad que encontramos en nuestro trabajo, ayuda a dar sentido al aprendizaje.